
Conflictos entre copias: “Moon”, Duncan Jones (2009).
Sam Well. El único habitante de la luna. Un minero. En realidad un esclavo. Soledad. Trabajo. Sacrificio. Añoranza de la Tierra, de la mujer amada, de la hija pequeña. En este escenario irrumpe alguien completamente inesperado, se produce el encuentro alucinante y misterioso con otro individuo. Un semejante, en sentido literal.
No son el mismo, ni siquiera son idénticos, pero sí son extremadamente parecidos, uno es la versión envejecida y agotada del otro. O, a la recíproca, uno es la versión lozana del otro. Y los dos, como descubriremos algo más tarde, son la enésima versión de una producción humana original.
Clones, en definitiva, descubriendo su condición de clones. Tal es el argumento de "Moon", el reciente largometraje de Duncan Jones.
"Moon" trata de la vida de las copias en ausencia del original. Una copia veterana y otra recién llegada. Una copia a punto de perecer y otra con mayor expectativa de vida, pero también con fecha de caducidad.
Tenemos por un lado la feroz, por momentos homicida, competencia que estalla entre ambas copias. La lucha de poder entre la copia veterana que defiende su grado y la copia advenediza que se considera, razonablemente, un igual o mejor. El viejo y el joven, el sosías enfermo y el que rebosa salud. Dorian Grey escrutando a su yo corrupto en su vivo retrato y su yo corrupto que desde el retrato le escruta a él. Como a otro retrato de una época más feliz.
Mientras y en otra parte el Dorian genuino ha continuado con su vida, es un viudo que envejece en la Tierra, quizá completamente ignorante de la existencia lunática de una constante reproducción de sí.
Ya se entiende que nada de esto nos es ajeno. Toda vez que el ser humano es sólo la conciencia de sí mismo sobreviviendo a la auto clonación del cuerpo, su soporte físico. Toda vez que una persona no es sino la copia infinicelular de sí misma, proceso continuo en el que siempre se pierde o se corrompe algo. Sólo la conciencia de sí mismo permanece, esa sí, misma e intacta.
Descubrir uno de sí mismo que no es el que creía. Mejor dicho, descubrir que el que uno creía ser, sólo es el último o el ante último de una larga cadena, es un demoledor hallazgo que puede, no obstante, encajarse con ciertas dosis de humanidad.
El monstruo no es la copia, el monstruo es la Compañía, la Empresa, el ente esclavista y multicopiador.
Pero esto ya lo sabíamos.
Rubén Díaz de Corcuera.
Ultra signo.
Marzo 15, 2010

El dios replicador: “Solaris”, Stanislaw Lem (1961), Andrei Tarkovsky (1972).
El aura es la dimensión psíquica del original. La diferencia entre lo que se siente ante un original y lo que se siente ante su copia, o, dicho de otro modo, lo que se deja de sentir, lo que ya no es posible sentir, cuando uno descubre que lo que tiene ante sus ojos es un facsímil, una copia.
“El aquí y el ahora del original constituye el concepto de su autenticidad. [...] Las circunstancias en que se ponga el producto de la reproducción de una obra de arte, quizá dejen intacta la consistencia de ésta, pero en cualquier caso deprecian su aquí y ahora. [...] Resumiendo todas estas deficiencias en el concepto de aura, podremos decir: en la época de la reproducción técnica de la obra de arte lo que se atrofia es el aura de ésta”. (Walter Benjamin, Discursos interrumpidos I, La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, 1936.)
Así como la obra de arte pierde su aura en la reproducción, es decir, cuando se rompe el vínculo entre el plano de contenido y el plano de expresión original de la obra, quebrando el principio de unicidad, la persona pierde su aura cuando desaparece el vínculo entre su identidad y el soporte de esta, la mismidad, el aquí y ahora de su ser único.
Interpreto el filme SOLARIS a la luz de esta idea.
El argumento de la obra es complejo. En una estación científica establecida sobre el planeta SOLARIS, un mundo oceánico situado a años luz de la Tierra, se están produciendo una serie de fenómenos extraños. Los científicos allí destacados parecen haber perdido la cordura. La agencia responsable del programa, envía al doctor Kris Kelvin, especialista en psicología espacial, a realizar la correspondiente investigación.
SOLARIS es un planeta inteligente que reúne además el poder de un pequeño Dios. Se sabe que piensa, no se sabe qué. Escapa hasta ese momento a la comprensión humana. La excede.
Al llegar, Kelvin se percata del enrarecido ambiente que reina en la estación. Las instalaciones parecen abandonadas y los tripulantes Snaut y Sartorius presentan conductas psicóticas. Snaut lo recibe con desconfianza y Sartorius rechaza salir de su cubículo. Pronto descubre que el tercer tripulante, Gibarian, conocido suyo personal de anteriores misiones, se ha suicidado hace apenas unos días. En todo caso, Snaut le previene ante la inminente llegada de unos misteriosos ”visitantes”.
Cuando Kelvin se despierta horas más tarde encuentra a su lado en el lecho a Harey, la que fuera su mujer, el amor de su vida, muerta en dolorosas circunstancias, diez años atrás. No es un fantasma, no es una alucinación. Su corporeidad es incontestable, y porta además todas las pruebas concebibles de ser ella misma: sus rasgos, su estilo, sus gestos, su voz...
Ten cuidado con lo que deseas porque Solaris te lo consigue.
Los tripulantes de la estación espacial enloquecen porque no pueden soportar la reproducción casi perfecta de sus seres queridos y/o de sus demonios personales, respuesta de Solaris a sus íntimos anhelos de resurrección. Porque sobre toda persona rescatada para la vida por SOLARIS, planea desde el principio una sospecha de irrealidad última (lo muerto, muerto está).
Lo que han perdido estos seres a ojos de aquellos que les amaron, es, precisamente, su aura personal, la percepción del carácter único, de la irrepetibilidad de toda vida humana, sancionada por la muerte.
La victoria de SOLARIS sobre la muerte socava fatalmente este principio.
Rubén Díaz de Corcuera.
Ultra signo.
Diciembre 1, 2007 |
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Conflictos entre copias. Esfera doliente.
Una actriz en el papel de reina.
Son otros los que nos miran desde el espejo. Autoiconos, relicarios antropomorfos y otros objetos con valor sentimental.
Cadáver fresco. Aurora boreal, fuego fatuo.
Signos de seres únicos, seres de signos únicos.
El proyector de sólidos.
Sopa de cuerpo, sero de muerte.
La interrogante metafísica.
El dios replicador.
Reencarnación en uno mismo.
Comunicación al X Congreso Internacional de Semiótica, SEMIO2009. Signos extremos en el arte contemporáneo.
Relacionando extremos opuestos: el arte abstracto y la réplica humana en el cine de ciencia ficción.
Variaciones Solaris (2009).
Auto Pigmalion (Sine die).
Trastorno bipolar (Blog personal en KREA). El estado del arte en Vitoria (BLOG de crítica). La Suite Kali 2002.
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Signo.
Significante.
Intérprete.
Referente.
Denotación.
Objeto.
Mundo.
Realidad.
Icono.
Súper icono.
Ultra Signo.
Índice.
Alteridad.
Economía expresiva.
Abstracto.
El todo.
Absoluto.
Reconocimiento.
Signos extremos.
Signos extremos como objeto de investigación.
Los problemas de la denotación.
La iconicidad como progreso hacia el objeto.
Lo abstracto como problema.
El todo como problema.
Conclusiones
Súper iconos.
Ultra signos.
Lo abstracto.
El todo.
Bibliografía. |  |